Cobalto y níquel: biotecnología para recuperar metales
En el camino que cada vez más países transitan hacia una transición energética que reduzca los gases de efecto invernadero, la demanda de minerales críticos como el cobalto y el níquel aumenta sustancialmente. Esto se debe a que estos metales son considerados como el corazón de las baterías de ion-litio, que son, por su parte, las que impulsan los vehículos eléctricos y los sistemas de almacenamiento de energía. No obstante, la minería tradicional enfrenta el desafío de la sostenibilidad. Es entonces donde la biotecnología chilena está abriéndose paso para marcar un hito, transformando lo que antes se consideraba «desecho» en una fuente estratégica de riqueza y cuidado ambiental.
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Los relaves mineros: un tesoro oculto
Lo primero que es importante destacar es que Chile posee más de 700 depósitos de relaves, de los cuales 480 están inactivos, acumulando miles de millones de toneladas de material. Estudios estiman que, este año, la generación anual de estos residuos podría alcanzar los 900 millones de toneladas. Por eso, lejos de ser solo un pasivo ambiental, estos depósitos contienen concentraciones valiosas de minerales estratégicos a los que poner el foco.
En particular, estudios liderados por la Dra. Javiera Toledo de la Universidad Adolfo Ibáñez indican que, solamente en los relaves de las regiones de O’Higgins y Antofagasta, existe un potencial de recuperación de 17,3 kilotoneladas de cobalto y 54,6 kilotoneladas de níquel. Estos metales, catalogados como materias primas críticas, son indispensables para la electromovilidad, cuya demanda mundial se estima que llegará a duplicarse para el año 2040.
BioElectroTor y cobalto verde
Dos son los proyectos más emblemáticos lideran esta revolución biotecnológica en Chile que mencionábamos. El primero es “BioElectroTor”, que desarrolla un proceso de biolixiviación electroasistida. De lo que se trata es de un sistema que utiliza un biorreactor de tornillo rotatorio y electrodos polarizados que estimulan el crecimiento de bacterias, facilitando la extracción de cobalto y níquel sin necesidad de oxígeno.
Por otro lado, el proyecto “Cobalto Verde” ha logrado aislar y «domesticar» un consorcio de microorganismos nativos de los relaves de Atacama. Estas bacterias, que están agrupadas bajo el nombre de “Kobold” (actualmente en proceso de patentamiento internacional), se alimentan de hierro y azufre, disolviendo minerales como la pirita para liberar el cobalto de forma eficiente y económica. Es una tecnología que se estima que podría acabar posicionando a Chile entre los tres mayores productores mundiales de cobalto, con una capacidad de obtener entre 10.000 y 15.000 toneladas anuales.
Impacto ambiental y economía circular para un futuro más limpio
Siguiendo lo mencionado con anterioridad, la biotecnología no solo ofrece una ventaja económica, sino que representa una solución ecológica profunda necesaria hoy. La biolixiviación permite eliminar la pirita de los relaves, un mineral que al oxidarse genera ácido sulfúrico, contaminando napas subterráneas y suelos. Al remover este componente, se estabilizan los depósitos y se reduce el riesgo de derrames fatales.
Además, hay que destacar que estos métodos biometalúrgicos consumen menos agua y energía, y generan una baja emisión de gases de efecto invernadero en comparación con la metalurgia convencional. De este modo, Chile no solo busca liderar el mercado del «oro azul», sino llegar a hacerlo bajo un modelo de minería circular que valoriza los desechos y protege el ecosistema para las futuras generaciones.